Cómo Partió Zupwork

zupwork newyork

De Nueva York a Chile.

Soy Emilio Segreste Villablanca, uno de los fundadores de ZupWork. Vivi por casi 2 años en Nueva York junto a mi esposa Valentina (co-fundadora también), quien estaba haciendo un MBA en Columbia Business School.

Me fui a Nueva York con todas y ninguna expectativa en términos laborales. Quizás la crisis de los 30 o ese tan de moda espíritu millennial me hizo pensar que sería bueno salir de mi trabajo para probar suerte en otra industria. A los pocos meses de llegar a NY apareció la primera oportunidad laboral de asociarme a una empresa mexicana que necesitaba digitalizar la operación y su estrategia comercial. Lo mejor de todo, podía trabajar remotamente desde la comodidad de mi casa.

Todo partió de buena forma y me convertí lo que hasta en ese momento yo no sabía que se llamaba gig-worker, freelancer, trabajador independiente, etc. Estaba cumpliendo el sueño de trabajar desde la casa, con flexibilidad de horario, en NY. ¿Suena bien no? Pasé las primeras semanas trabajando en la casa, pero me empecé a dar cuenta que mi productividad había bajado mucho y no avanzaba al ritmo que quería en los proyectos. Aparecieron TOCs (Trastorno Obsesivo Compulsivo) que ni siquiera sabía que tenía hasta el punto que no podía trabajar si es que no estaba limpio el escritorio, la cocina, la pieza, todo. Procrastinar, eso pasó a ser lo mío. Pero eso no fue lo peor de todo, empecé a sentir soledad, aislación social. No conversaba con nadie durante la semana en horarios laborales, salvo algunas reuniones online con el equipo en México. Tenía mi vida social aparte pero no era lo mismo, me faltaban los compañer@s de trabajo con los que compartir en un espacio físico.

Al cabo de unas semanas me empecé a cuestionar. ¿Cómo es posible que teniendo una modalidad trabajo que siempre había querido, no me siento bien y no soy eficiente? Así que decidí empezar a ir a la biblioteca de la Universidad de Columbia (“Butler Library”). “WOOO”, esa fue mi impresión cuando entré. El primer día fue como si me hubiesen inyectado cafeína, trabajé y produje como nunca antes. En mi cabeza pensaba “aquí han estudiado Premios Nobeles, ¿cómo no se me va a pegar un poco de eso?”. Tenía wifi de alta velocidad, todo estaba impecablemente limpio, café a un par de metros de distancia a un precio razonable, enchufes en todos los puestos y un ambiente de trabajo/estudio muy intenso.

Ahora sí que suena a que ahí nació ZupWork, pero no. Pasaron las semanas y volví a sentir esa soledad. No hablaba con nadie porque todos estaban muy metidos estudiando y realmente no se daba el ambiente para conocer gente. Fue entonces cuando pensé en buscar un espacio de coworking, pero ¡BOOM! Resultó que el plan más básico (“hot desk”, escritorio común y on-demand) costaba aprox. US$400 al mes. O sea, cero posibilidad.

Mientras tanto continuaba en mi búsqueda de mi espacio para trabajar. Trate de trabajar un par de veces en cafés. Pero tampoco fue una solución sustentable. Funcionaba solo si iba a trabajar un par de horas. Pero después de 2 horas de tratando de hacer rendir el café me daban ganas de ir al baño y tenía que guardar todo por miedo a que me robaran y a la vuelta perdía el único puesto con un enchufe funcional. Otras veces el wifi no funcionaba y otras me distraía mirando a la gente (una vez presencié un divorcio, con abogados y todo). Realmente imposible concentrarse. A si que seguía sin lugar donde trabajar hasta que un día un amigo (Fernando Soto)  que vive en Nueva York y tiene una modalidad de trabajo parecida a la mía me comentó sobre una página web que ofrecía espacios de coworking en restaurantes y bares.

Nos inscribimos a la semana de prueba y partimos yendo a el local que había en Time Square. El primer día trabajamos de 9 am a 5 pm. Había encontrado mi lugar de trabajo. Trabajé como en una oficina, el precio no era más de lo que gastaba en una cafetería, había buen wifi, tomé harto café y no me sentí culpable por no estar comprando cada vez que se vaciaba mi taza. Lo mejor fue que conocí a dos personas muy interesantes, que estaban en modalidades similares a la mía.

Mientras regresaba a casa ese día empecé a cuestionarme ¿cuántas personas habrán en NY con la misma necesidad que yo? ¿cuántas personas habrán en Chile con la misma necesidad que yo? Además empecé a notar que en NY había muchos restaurantes/bares cerrados durante el día y muchos eran perfectos para trabajar. ¿Cuantos lugares habrán asi en Santiago? ¿Se podría replicar esto en Chile?

El fin de la semana le conté del modelo a la Vale, mi esposa, y su primera reacción fue: “Wooooo! Hay que llevarlo a Chile!”. Después de darle unas vueltas, ¡PAF!, ahora sí había nacido ZupWork.

Desde ahí empezamos a hacer estudios de mercado, encuestas, escaneamos la oferta de locales, entre otras cosas. Y lo que sigue, está aún en desarrollo.

ACTUALIZACIÓN > En Diciembre 2018, decidimos cambiar el nombre de WeZpot a ZupWork.